Hace apenas unos días surgía la sorprendente noticia del suicidio del famoso director de origen británico Tony Scott, desconcertando por igual a industria, medios y aficionados.
Era domingo al mediodía cuando
Scott estacionaba su coche en el margen del puente Vincent Thomas de San Pedro
(Los Ángeles), escalaba su valla con aparente nerviosismo, según algún testigo,
y se precipitaba al vacío sin apenas contemplaciones en un salto de más de
sesenta metros.
Horas después la policía
recuperaba su cuerpo del agua y era identificado. Scott había dejado una nota
de suicidio en su oficina y otra con datos de contacto de familiares y amigos
en su coche. Apenas 24 horas después se publicaba una filtración de una fuente
supuestamente cercana al director en la que se afirmaba que Scott padecía un
tumor cerebral inoperable. Poco después su mujer, la actriz Donna Wilson,
negaba rotundamente esa noticia obligando a algunos medios a retractarse. Sin
embargo solo se sabrá si eso era cierto dentro de unas semanas, cuando se hayan
practicado las pertinentes pruebas después de la autopsia con sus correspondientes
análisis toxicológicos.
Sea cual sea el resultado,
Hollywood ha perdido sin duda a uno de sus mas virtuosos directores de cine de
acción. Durante sus treinta años de carrera Scott, (hermano pequeño del
aún mas famoso cineasta Ridley Scott
y al igual que él proveniente también del campo publicitario) fue el artífice de algunos
de los mas rotundos éxitos del cine de acción contemporáneo como Top Gun (1986), El último Boy Scout (1991), Marea
Roja (1995) o Enemigo Público (1998) a pesar de tener, al igual que su hermano, una carrera
irregular aunque casi siempre también con el favor del público de su lado.
Para muchos sus mejores films no
son los mas populares, y debería ser recordado por obras de innegable calidad
como El ansia (1983), su primer
filme y una moderna historia de vampiros nihilistas que propició una
interesante serie del mismo título a finales de los noventa; Amor a quemarropa (True Romance, 1993)
para muchos su mejor película, un thriller de alto voltaje con guión de Quentin Tarantino y diálogos para el
recuerdo; Spy Game (2001) una
historia de espías con reparto de lujo y un frenético ritmo y composición; la
violenta El fuego de la venganza
(Man on Fire, 2004) uno de los mejores thrillers de los últimos años y una de
las mejores películas de su actor fetiche, Denzel Washington (con el cual llegó
a rodar hasta en cinco ocasiones); Domino
(2005) basada en una historia real y uno de los ejercicios fílmicos mas
adictivos, técnicamente deslumbrantes y reivindicables del reciente cine de
acción norteamericano o Déjà Vu (2006)
una interesante propuesta y equilibrada mezcla de acción y ciencia ficción.
También tuvo puntos bajos como Días de trueno (1990) una tópica
historia de superación deportiva; Fanático
(1996) una rutinaria cinta de desvaríos psicópatas o el reciente e innecesario y mediocre remake del clásico de los 70 Asalto al tren Pelham 1 2 3 (2009).
Junto con su hermano, y a través
de su propia productora Scott Free
productions, era también productor de numerosos films propios y ajenos, tv movies, series y miniseries para
televisión de gran éxito como Numb3rs
(2005-2010), The Good Wife (2009-2012), Los
pilares de la Tierra
(2010) y su aún inédita continuación Mundo
sin Fin (2012), ambas adaptaciones de sendas novelas de Ken Follet.
Con tanto éxito comercial, una
agenda tan apretada de interesantes proyectos ya fuera como director (estaba en
preparación nada menos que de la secuela a su gran blockbuster ochentero Top Gun, nuevamente protagonizado por Tom
Cruise) o productor y un conocimiento de la industria envidiable resulta
especialmente difícil de entender el porqué de su decisión de quitarse la vida
saltando de un puente que, curiosamente, había formado parte de las
localizaciones de su último film, Imparable
(2010).
Una decisión que nadie se explica y que quizás solo el tiempo nos aclare cuando mas datos contrastados salgan a la luz. Lo que está claro es que a Tony Scott no le iban las medias tintas. Se fue a su manera y como a él le dio la gana: espectacularmente y dejando tras de si mucho ruido mediático.
Una decisión que nadie se explica y que quizás solo el tiempo nos aclare cuando mas datos contrastados salgan a la luz. Lo que está claro es que a Tony Scott no le iban las medias tintas. Se fue a su manera y como a él le dio la gana: espectacularmente y dejando tras de si mucho ruido mediático.
Por mal que les pese a sus detractores, se le echará
de menos.

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