miércoles, 22 de agosto de 2012

Salto al vacío




Hace apenas unos días surgía la sorprendente noticia del suicidio del famoso director de origen británico Tony Scott, desconcertando por igual a industria, medios y aficionados.
Era domingo al mediodía cuando Scott estacionaba su coche en el margen del puente Vincent Thomas de San Pedro (Los Ángeles), escalaba su valla con aparente nerviosismo, según algún testigo, y se precipitaba al vacío sin apenas contemplaciones en un salto de más de sesenta metros.
Horas después la policía recuperaba su cuerpo del agua y era identificado. Scott había dejado una nota de suicidio en su oficina y otra con datos de contacto de familiares y amigos en su coche. Apenas 24 horas después se publicaba una filtración de una fuente supuestamente cercana al director en la que se afirmaba que Scott padecía un tumor cerebral inoperable. Poco después su mujer, la actriz Donna Wilson, negaba rotundamente esa noticia obligando a algunos medios a retractarse. Sin embargo solo se sabrá si eso era cierto dentro de unas semanas, cuando se hayan practicado las pertinentes pruebas después de la autopsia con sus correspondientes análisis toxicológicos.    
Sea cual sea el resultado, Hollywood ha perdido sin duda a uno de sus mas virtuosos directores de cine de acción. Durante sus treinta años de carrera Scott, (hermano pequeño del aún mas famoso cineasta Ridley Scott y al igual que él proveniente también del campo publicitario) fue el artífice de algunos de los mas rotundos éxitos del cine de acción contemporáneo como Top Gun (1986), El último Boy Scout (1991), Marea Roja (1995) o Enemigo Público (1998) a pesar de tener, al igual que su hermano, una carrera irregular aunque casi siempre también con el favor del público de su lado.
Para muchos sus mejores films no son los mas populares, y debería ser recordado por obras de innegable calidad como El ansia (1983), su primer filme y una moderna historia de vampiros nihilistas que propició una interesante serie del mismo título a finales de los noventa; Amor a quemarropa (True Romance, 1993) para muchos su mejor película, un thriller de alto voltaje con guión de Quentin Tarantino y diálogos para el recuerdo; Spy Game (2001) una historia de espías con reparto de lujo y un frenético ritmo y composición; la violenta El fuego de la venganza (Man on Fire, 2004) uno de los mejores thrillers de los últimos años y una de las mejores películas de su actor fetiche, Denzel Washington (con el cual llegó a rodar hasta en cinco ocasiones); Domino (2005) basada en una historia real y uno de los ejercicios fílmicos mas adictivos, técnicamente deslumbrantes y reivindicables del reciente cine de acción norteamericano o Déjà Vu (2006) una interesante propuesta y equilibrada mezcla de acción y ciencia ficción.
También tuvo puntos bajos como Días de trueno (1990) una tópica historia de superación deportiva; Fanático (1996) una rutinaria cinta de desvaríos psicópatas o el reciente e innecesario y mediocre remake del clásico de los 70 Asalto al tren Pelham 1 2 3 (2009). 
Junto con su hermano, y a través de su propia productora Scott Free productions, era también productor de numerosos films propios y ajenos, tv movies, series y miniseries para televisión de gran éxito como Numb3rs (2005-2010), The Good Wife (2009-2012), Los pilares de la Tierra (2010) y su aún inédita continuación Mundo sin Fin (2012), ambas adaptaciones de sendas novelas de Ken Follet.
Con tanto éxito comercial, una agenda tan apretada de interesantes proyectos ya fuera como director (estaba en preparación nada menos que de la secuela a su gran blockbuster ochentero Top Gun, nuevamente protagonizado por Tom Cruise) o productor y un conocimiento de la industria envidiable resulta especialmente difícil de entender el porqué de su decisión de quitarse la vida saltando de un puente que, curiosamente, había formado parte de las localizaciones de su último film, Imparable (2010).
Una decisión que nadie se explica y que quizás solo el tiempo nos aclare cuando mas datos contrastados salgan a la luz. Lo que está claro es que a Tony Scott no le iban las medias tintas. Se fue a su manera y como a él le dio la gana: espectacularmente y dejando tras de si mucho ruido mediático.
Por mal que les pese a sus detractores, se le echará de menos.

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