miércoles, 1 de agosto de 2012

Bienvenida


Los seres humanos somos seres extraños. Podemos pasarnos toda una vida sin darnos cuenta de lo más importante. Podemos pasarnos toda una vida preguntándonos qué es lo más importante en nuestra vida. Podemos tardar toda una vida en encontrar una respuesta a esa pregunta, y puede que no la encontremos nunca... Pero aún y así, lo más importante es siempre hacerse esa pregunta.
Siempre me he preguntado lo mismo, nada más me ha importado. Quizás porque nunca he tenido nada más que me importase. Y he tenido una vida rica. Rica en preguntas. Todas iguales. Nada más me ha importado.
El ser humano es un animal de costumbres. Te acostumbras a respirar, a comer, a caminar.. Te acostumbras absolutamente a todo. Hasta a hacerte siempre la misma pregunta. Divina costumbre. Maldita monotonía.
Y mientras en Australia salta un canguro, en Hong Kong muere un vagabundo en un callejón, Al-Qaeda prefiere traficar con Goma-2 mientras sus acólitos rezan esperando el cielo y el harén eterno, en Méjico alguien llora, en Buenos Aires alguien hecha el polvo de su vida y tú sólo estás ahí, mirándome, escuchándome, exultante en el aire, rebosante de vida..que no se vivir.. enséñame a vivir!
Por qué perdemos el tiempo haciéndonos preguntas si podríamos utilizar ese mismo tiempo en encontrar respuestas? Acaso preferimos las preguntas? Nos dan miedo las respuestas? Por qué nos esforzamos en preocuparnos de que está bien y que está mal si vamos a tener que inventarnos la respuesta? Por qué demonios intentamos averiguar qué piensan los demás? De qué nos serviría saberlo si no conocemos la respuesta a nuestra pregunta?
Puede que seas un producto de mi mente, pero tú déjame que ésta noche me mienta... que al mirarte veo a través de tus ojos como desaparece el sinsabor rutinario de la soledad.
Yo, finalmente, he encontrado la respuesta a ésa pregunta. La pregunta. Ahora sé qué es lo más importante en mi vida. Ahora sé que mi vida tiene un sentido: y es el de seguir haciéndome siempre esa maldita pregunta. No es necesario que recordéis mi nombre, mi edad o mi historia, ni siquiera es necesario que escuchéis lo que os digo. Porque yo soy una persona con suerte. Como tú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario